portada_el coste real de la energía

El Coste Real de la Energia

Colaboré hace algún tiempo con el Estudio del Sector Eléctrico Español de 1998 a 2013 del ODG (Observatorio de la Deuda en la globlalización) que finalmente se publicó en Septiembre de 2015. Mi colaboración se trataba de analizar las emisiones de Gases de Efecto Invernadero de la generación de electricidad en ese período, a fin de visualizar el impacto ambiental y traducirlo en impacto económico en función de diferentes cotizaciones de la tonelada de CO2 y, conocer así, el orden de magnitud.

Mi colaboración en este estudio viene motivada por mi creencia en la necesidad de conocer el impacto de las emisiones y buscar y fomentar fuentes de energía limpia, frente a criterios económicos que priman los combustibles fósiles o la energía nuclear propongo incluir en esos criterios económicos los costes que esas energías tiene para el medio ambiente, con lo que los beneficios disminuirían considerablemente. En definitiva, la huella de carbono (junto con la huella hídrica, la huella social, etc.) es una herramienta para visualizar el impacto ambiental y concienciar de la importancia del uso de energías renovables. En un futuro, debería ser una herramienta a tener en cuenta en la toma de decisiones para políticas estatales o empresariales sobre generación de energía (eléctrica o de cualquier tipo), al incluir el coste ambiental es indudable la potenciación de las energías renovables y el fin del uso de los combustibles fósiles.

http://www.odg.cat/sites/default/files/3a_informe_coste_energia_esp_web.pdf

IV Jornada “Otra economía es posible: transición hacia una economía baja en carbono”

En Ponferrada el día 5 de febrero se celebrarán Jornada “hacia una transición energética baja en carbono”, en las que particiaparé como miembro de la PXNME. En este enlace más información:

http://www.nuevomodeloenergetico.org/pgs2/index.php/news/la-px1nme-participa-en-la-iv-jornada-otra-economia-es-posible-ponferrada-5-de-febrero/

Enlace

Nace el registro voluntario de huella de carbono para las empresas en España.

El Real Decreto (RD 163/2014 de 14 de Marzo) sobre huella de carbono de organización: registra las emisiones de GEI y un plan de reducción, compensación y proyectos de absorción. Esta pensado para empresas del sector difuso que quieran comenzar a conocer, controlar y compensar sus emisiones en proyectos nacionales y de forma voluntaria.

http://www.magrama.gob.es/es/cambio-climatico/temas/mitigacion-politicas-y-medidas/Registro-informacion.aspx

 

La desconexión en el comportamiento de los consumidores entre las decisiones mediambientalemente responsables y las reales

El pasado día 17 de Enero tuve la suerte de ser invitada a participar en el primer encuentro sobre grandes tendencias en el ámbito de la sostenibilidad que realizó la Escuela de Organización Industrial para sus alumnos del MIGMA, MPIGMA o y del Curso Superior de Huella de Carbono, como exalumna de éste último.

En este encuentro se trataba de debatir, por una parte, por qué hay desconexión en el comportamiento de los consumidores entre las decisiones ambientalmente responsables y las que se toman en realidad, y por otra cómo puede ayudar la huella de carbono a conectarlas.

El contexto de los diversos puntos de análisis era dado por un artículo que trata de analizar el comportamiento psicológico del consumidor en cuanto a los determinantes que le hacen tomar decisiones en sus compras y/o apoyar las medias políticas frente al cambio climático.

Este estudio divide las acciones contra el cambio climático entre directas, como consumidores, e indirectas, como ciudadanos. Además determina varios factores que tienen gran influencia en este comportamiento:

  • Conocimiento/educación medioambiental
  • Preocupación ambiental
  • Normas personales y actitud

Además el estudio discrimina entre comportamientos de alto coste y de bajo coste, entendiendo como coste el económico, o el de tiempo, o la molestia o el esfuerzo. Según esto, los comportamientos de bajo coste serían, entre otros, los relacionados con reciclar, compras ecológicas o el ahorro de consumo eléctrico, mientras que los comportamientos de alto coste vienen más relacionados con el estilo de vida de las personas destacando la movilidad y los viajes.

Para que una persona modifique los denominados comportamientos de alto coste hacia una opción más ecológicamente responsable, se requieren factores como la educación y la capacidad económica, y los de bajo coste se relacionan más con factores psicológicos como la actitud o las normas personales.

La disposición para luchar contra el cambio climático, según el estudio, viene determinada por la preocupación sobre el mismo, la percepción coste-beneficio, sentimiento de impotencia y escepticismo. Aumenta la disposición si las personas tienen preocupación por el cambio climático y perciben coste-beneficio de sus acciones, mientras que disminuye a mayor sentimiento de impotencia y escepticismo.

El estudio concluye que el factor determinante para modificar conductas hacia la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero consiste en resaltar el beneficio para el clima, que facilitará el empoderamiento de las personas para cambiar comportamientos y los llamamientos a cambios en la política pública.  Destacando que el cambio de percepción costes-inconvenientes es un reto en cuanto a la movilidad de los ciudadanos.

Además, se concluye que la afiliación política resulta ser una barrera en cuanto a la disposición a actuar si se trata de perfiles conservadores. Para ello propone que se destaque de estas actuaciones la innovación que llevan implícita y la oportunidad económica de las mismas. también podría servir plantearlo como que luchar contra el cambio climático permite además plantear soluciones que den independencia de los combustibles fósiles importados de otros países.

Partiendo de este estudio en el debate planteado sobre la desconexión entre el comportamiento medioambientalmente responsable y las decisiones que se toman en realidad, surgen varias ideas relevantes:

  1. Se requiere “civismo ambiental”, se debería trabajar en concienciar, educar y crear en definitiva civismo ambiental para que no exista esta desconexión entre comportamiento y conocimiento.
  2. Se plantea cómo a nivel de marketing se pueden cambiar actitudes de los consumidores, y por tanto en la sociedad, creando una asociación a posicionamiento social o imagen (ser más “cool”) con tener productos buenos para el medio ambiente y que favorecen la lucha contra el cambio climático. La cuestión que se ha debatido es ¿los hábitos de consumo hacia un consumo medioambientalmente responsable pueden cambiar a través del marketing? Se podría tomar como ejemplo las campañas publicitarias de tráfico que ha afectado a la psicología y han terminado cambiando el pensamiento social sobre conducir ebrio. Sobre una campaña de marketing actual, se comenta como el ejemplo el anuncio de BMW i3  sobre el cambio que sugiere en los hábitos de movilidad, y la imagen que proyecta de la persona que opta por este vehículo.
  3. Otra cuestión para practicar un consumo responsable es cómo comparar productos u opciones con una información creíble: falta marco normativo que estandarice los factores de cálculo y la elección de un indicador que sea “legible” para los consumidores. Éste podría ser la huella de carbono, aunque también se consideran otros. Podría ser huella ambiental, indicadores sociales (huella social), o indicadores de sostenibilidad integral que aborden, desde un enfoque global, aspectos económicos, sociales,culturales y ambientales. Se pone el ejemplo del sector textil que esta trabajando en un posible indicador globlal que incluya estas cuestiones, y permita la comparabilidad de sus productos (un gran reto!). Este plateamiento de indicadores globales como tendendia futura tendrian además de las dificultades propias del cálculo y la estandarización, la complejidad de hacerlos compresibles al consumidor.
  4. En cuanto al ciclo de vida de los productos parece que la fase que más influencia tiene sobre los hábitos de consumo es la de uso del producto, esto tiene que ver con el beneficio percibido, ya que si el producto es más caro pero produce ahorro en la utilización a medio plazo y tiene más vida útil se justifica la inversión. Se habla como ejemplo de los electrodomésticos y cómo el consumidor está dispuesto a pagar más por aquellos que tienen certificación alta, ya que sabemos que nos reporta ahorro en el consumo a largo plazo (además de ser mejores medioambientalmente).
  5. Al estudiar los comportamientos medioambientales resaltan dos problemas: no se pueden ver los efectos (la recompensa positiva) de los actos que ayudan a combatir el cambio climático y que los comportamientos medioambientales siempre se afrontan desde la culpabilidad, con lo que no puede hablarse de neuromarketing, ya que el factor climático no se puede relacionar con el sistema de recompensas, el placer y el apego.
  6. Una cuestión que se plantea  es si estarían dispuestos los consumidores que quieren continuar con su estilo de vida a pagar por compensar las emisiones y no a actuar en su día a día y cuánto.

En mi opinión, además de lo expuesto en el encuentro, la desconexión puede tener que ver con la desconfianza que nos producen todos los datos de impacto ambiental y en especial sobre el cambio climático. En la RSC de las organizaciones y su comunicación se utilizan conceptos como reducción de emisiones (greenwashing), pero la falta de transparencia en las organizaciones hacia el consumidor (no se puede conocer el dato ni como se ha calculado) crea desconfianza.

Considero muy acertado focalizar la información sobre el beneficio que produce una determinada acción en la lucha contra el cambio climático, y no tanto sobre el miedo a qué pueda pasar si no se cambia una actitud. Pero el civismo ambiental que tienen países de Europa del norte se consigue, en mi opinión, principalmente, desde la educación. El marketing puede conducir “una moda” sobre una forma de hacer que perdure en el tiempo, pero esto, bajo mi punto de vista, se asegura educando ciudadanos concienciados con la realidad en que vivimos y no dependería así tanto de modas.

Partiendo de la conclusión principal del estudio de enfatizar en el beneficio de las acciones, la huella de carbono puede ser tratada como la herramienta que ayude a visualizar el beneficio ambiental de las acciones cuantificando “emisiones evitadas”, siendo éste el enfoque de publicidad positiva que ayuda a concienciar y reforzar comportamientos positivos en la lucha contra el cambio climático.

La huella de carbono podría ser una herramienta útil en la toma de decisiones como consumidores si tuviéramos un dato comparable de cada producto. Para ello se necesita un contexto normativo único que permita dar un marco común a los cálculos y una certificación reconocida que aplique en todos los productos del mismo tipo.

A nivel político, visualizar la evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero puede reforzar la credibilidad de medidas positivas en la lucha contra el cambio climático, mostrando la evolución desde su imposición, y dar así a conocer cómo un impuesto o una subvención han ayudado a reducirlas.

Y por último, en cuanto a costes, la huella de carbono permite evaluar medidas de eficiencia energética en cuanto a impacto en el cambio climático, y dar a conocer cómo no se trata solamente de un ahorro de costes, sino de un “ahorro de emisiones”.

Sin duda muchas de las cuestiones abiertas del encuentro se resolverán en los próximos años. El cambio climático puede cambiar los hábitos de consumo e incluso el nivel de consumo, y cambiarnos como sociedad. Más allá de modas, se trata de una necesidad para convivir en un planeta con recursos finitos y con cambios en el entorno que requiere que todos nos impliquemos y tomemos conciencia. El cambio es imparable y el debate en torno a estos asuntos es necesario para darle forma.